
La madera local en vivienda sostenible adquiere sentido cuando el proyecto se desarrolla desde el territorio y sus recursos disponibles. En Riglos, esta vivienda unifamiliar entre medianeras parte de una lectura precisa del paisaje prepirenaico, de su arquitectura vernácula y de su cultura constructiva.
Situada en el núcleo histórico, entre fachadas continuas de tapia y cubiertas inclinadas, la vivienda adopta un volumen compacto de dos plantas con cubierta a dos aguas y alineación directa a la calle. La geometría es sencilla. La proporción de los huecos es contenida. La nueva edificación se inserta con naturalidad en la trama urbana y mantiene la sobriedad formal del entorno.
Bosque, aserradero y proyecto
La madera ocupa un papel estructural central. El proyecto se apoya en masa forestal próxima, transformada en un aserradero local que incorpora clasificación estructural y mecanizado contemporáneo.
El proceso vincula directamente la gestión forestal sostenible con la capacidad productiva del aserradero y con un diseño arquitectónico que adapta las escuadrías disponibles a un sistema entramado–relleno.
Esta relación entre recurso forestal, transformación local y decisión proyectual reduce transporte, limita energía incorporada y refuerza la actividad económica del entorno rural. El sistema constructivo responde a las capacidades reales del territorio y demuestra la viabilidad técnica de integrar recursos locales en arquitectura contemporánea.

Vivienda de madera, tierra y paja
La estructura se resuelve mediante pilares dobles de madera aserrada que conforman pórticos paralelos. Entre ellos, el cerramiento se ejecuta con tierra aligerada con paja de cebada de origen local, combinando ligereza estructural e inercia térmica en un mismo sistema.
Los forjados interiores se construyen con vigas de pino silvestre del Pirineo y tarima estructural, manteniendo una lectura material coherente en el interior. La cubierta de madera incorpora aislamiento entre viguetas y tablero estructural, optimizando comportamiento mecánico y resistencia frente al fuego.
La protección del material se resuelve mediante decisiones constructivas como aleros amplios, correcta separación de la humedad del terreno y revocos transpirables de arcilla en interior y mortero de cal en exterior.
La elección de madera, tierra y paja responde a criterios de proximidad, baja energía incorporada y capacidad de reintegración en el medio al final de su vida útil. Los materiales naturales permiten cerrar ciclos materiales y reducir residuos persistentes.
Reducir consumo desde la materia
El sistema constructivo influye directamente en el comportamiento energético del edificio. El volumen compacto y la orientación principal hacia el sur optimizan la captación solar pasiva en invierno y reducen pérdidas térmicas. La disposición interior responde a esta lógica, situando los espacios de uso cotidiano en las orientaciones más favorables.
El muro central de gran inercia térmica, ejecutado con revocos de arcilla, acumula calor en invierno y lo libera progresivamente hacia el interior, estabilizando la temperatura.
En verano, el superaislamiento de tierra aligerada combinado con ventilación cruzada entre orientaciones norte y sur atenúa el sobrecalentamiento y mejora la calidad del aire interior sin dependencia constante de climatización mecánica.
El análisis de ciclo de vida alcanza 235,42 kg CO₂/m², valor significativamente inferior al de la construcción convencional. La reducción de consumo operativo y de emisiones incorporadas se deriva de decisiones materiales, orientación, masa térmica y coherencia constructiva.

Más información: EPBD – Energy Performance of Buildings Directive
Arquitectura vinculada al territorio
Clima, tradición constructiva y recursos locales se integran desde el inicio del proyecto. La estructura de madera, los cerramientos de tierra aligerada con paja y los revocos de arcilla configuran una estrategia ambiental y constructiva unitaria.
La vivienda reduce demanda energética, limita impacto ambiental y mantiene precisión normativa sin desvincularse del paisaje ni de la cultura material del lugar. El resultado es una arquitectura que se construye desde el reconocimiento de las capacidades del territorio y que propone un modo de habitar ligado a sus recursos.

Puedes consultar en: Madera contralaminada CLT
