Casa de tapial

Fecha

2014

Estado

Construido

Ubicación

Ayerbe (Huesca), España

Superficie

276 m2

Fotografía

Xavier d'Arquer (Doblestudio)

Tierra como material de construcción

Nuestro proyecto más complejo hasta el momento, una casa de tapial situada en el centro en Ayerbe (Huesca), ha ganado el Terra Award 2016, el Premio Internacional de Arquitectura Contemporánea en Tierra Cruda, entre los más de 350 presentados de todo el mundo. Nuestra casa sostenible ha ganado en la categoría de vivienda individual. Recibimos el premio en Lyon el pasado 14 de julio.

Àngels Castellarnau, fundadora de Edra Arquitectura km 0, ha investigado la arquitectura tradicional desde hace diez años y ha renovado las tecnologías, depurando los sistemas constructivos utilizados en cada zona. Además, la arquitecta ya está inmersa en dos nuevos interesantes proyectos pioneros en tierra: un hotel de cinco estrellas en la turística zona del Matarraña (Teruel) y otro alojamiento turístico, la rehabilitación de una masía del siglo XVII en Collbató (Barcelona), a los pies de la montaña de Montserrat.

La vivienda de Ayerbe, seleccionada para el premio internacional, ha sido presentada como una casa vernácula del siglo XXI. La migración rural sufrida en esta localidad oscense durante el siglo XX propició la desaparición de las técnicas tradicionales de arquitectura. Con esta casa, la arquitecta Àngels Castellarnau busca reavivar la curiosidad de la comunidad por este tipo de construcciones más sostenibles y ligadas con el medio.

El proyecto está inspirado en las construcciones locales antiguas de tierra en cuanto a orientación, morfología y materiales locales. El análisis del ciclo de vida ha demostrado la reducción del 50% de las emisiones de CO2. Piedra, tierra y paja representan el 80% del peso del edificio, y todas son kilómetro 0. También se han utilizado cal hidráulica, tejas, madera y lana de oveja que proceden de un radio de 150 km. La casa presenta detalles de bioconstrucción como ventanas diseñadas especialmente para un mayor aprovechamiento de la luz y contraventanas correderas termoprotectoras, aljibe para el reutilización de agua de lluvia, revocos interiores de arcilla acumuladores de temperatura, caldera de biomasa, etc.

Con su propia vivienda, Castellarnau ha llevado al límite todas las técnicas y materiales posibles de bioconstrucción para lograr una casa natural, sostenible, con la mayor eficiencia energética y comprometida socialmente con su entorno. La arquitectura solar pasiva desarrollada está permitiendo además un trabajo de investigación del funcionamiento térmico de los muros de tapia, al monitorizar el comportamiento de distintas orientaciones del muro, así como una muestra de muro trombe para su posterior aplicación en este y otros proyectos.

Tal como explica la arquitecta, “me gusta lograr lo que llamo soberanía constructiva: materiales km 0, sin transformar, que luego pueden volver al medio, gestión de residuos, independiente de sectores industriales, edificios más salubres para alérgicos e hipersensibles, y un tipo de construcción más accesible a todo el mundo por ser más económica”.

La construcción en tierra (con tapial, adobe…), que cuenta con muy pocos arquitectos especializados en España, ofrece multitud de opciones de diseño y presenta numerosas ventajas: excelente regulación térmica y de la humedad interior, aislamiento acústico y electromagnético, material sano y ecológico, bajo impacto ambiental, eficiencia energética, etc. Una tendencia en arquitectura que cuenta cada vez con más interés en un sector que tiende a proyectos cada vez más sostenibles y comprometidos con su entorno.

Àngels Castellarnau ya está trabajando en dos nuevos proyectos con tierra, pioneros en el sector del alojamiento turístico en España. En primer lugar, un edificio del siglo XIX situado en Monroyo, dentro de la turística zona del Matarraña (Teruel), que será transformado en hotel bioclimático de cinco estrellas, con 18 habitaciones, zona wellness y restaurante. De tapial, se emplearán materiales locales, contará con una caldera de biomasa y se aprovechará el calor con un invernadero. En segundo lugar, la rehabilitación de una masía del siglo XVII en Collbató (Barcelona) para convertirse en un alojamiento turístico rural de 15 plazas. En este caso se aplicará la técnica de bloques de tierra comprimida (BTC) que a su vez contará con un muro trombe. En ambos casos se trata de proyectos globales que buscan recuperar el vínculo del hombre con el territorio, interviniendo también con huertos, campos de olivos o viñedos.

Àngels Castellarnau es licenciada en Arquitectura por la ETSA Vallès, Universitat Politècnica de Catalunya y ha desarrollado su doctorado en Ámbitos de Investigación en Energía y Medio Ambiente en Arquitectura. Ha investigado la arquitectura tradicional y ha publicado numerosos trabajos e investigaciones a nivel internacional. Además, ha impartido talleres y ha participado como conferenciante en distintos países. Además, ha diseñado lámparas y mobiliario.

Edra Arquitectura km 0 forma parte de Edra Cultura y Natura junto con Edra Bodega, empresa vinícola, abordando proyectos que aúnan agricultura y arquitectura con criterios ecológicos.

edra arquitectura

El proyecto

La vivienda se ubica en Ayerbe, un pueblo del pre-Pirineo de Huesca (norte de España) en un contexto rural. Su entorno está degradado y desvalorizado como resultado de la despoblación y la pérdida del uso tradicional del suelo y la edificación. El proyecto, comprometido localmente con el medio natural y social, pretende promover el cambio hacia un nuevo paradigma y ha conseguido despertar la curiosidad de la comunidad.

 

La concepción de esta vivienda de nueva planta está precedida de un estudio exhaustivo de la arquitectura vernácula local de la que se extraen las claves de proyecto. La nueva vivienda surge de lo aprendido en cuanto a orientación, morfología, materiales, adaptación al medio material y climático, utilización de medios técnicos y humanos locales y gestión tradicional del usuario, combinados con un esmerado diseño solar pasivo y bioclimático.

 

La construcción local utiliza los materiales de su entorno, principalmente la tierra, y de forma complementaria la piedra arenisca, la madera y la caña. Estos materiales (o materias primas) contienen una baja carga energética, se encuentran en el entorno inmediato, son de fácil extracción y se ponen en obra sin procesar, de manera que su impacto ambiental es prácticamente nulo. Además son saludables dado que no contienen aditivos ni en su composición ni en su puesta en obra.

Para la nueva edificación se utiliza la tierra como material de construcción, atendiendo a su omnipresencia y accesibilidad, por su bajo impacto ambiental y por tratarse de un material que forma parte de la identidad y del imaginario colectivo de los habitantes de la zona.

 

Así pues se construye con la técnica de la “tapia calicostrada”, un sistema constructivo de tradición local que consiste en la construcción de muros de carga a base de tierra no manufacturada Km0 al que se introducen mejoras técnicas como adicionar paja de cebada para mejorar su comportamiento térmico y como mecanizar la puesta en obra para reducir el coste de ejecución.

 

La vivienda se ubica en un solar rectangular entre medianeras de edificios de tierra. Se abre un patio a sur que permite la captación solar pasiva a través de los grandes huecos, los lucernarios y los muros.

La vivienda se construye en tres plantas que se adaptan a los desniveles de las calles.
En las caras norte y oeste se practican sencillas aperturas a la manera tradicional para conseguir ventilación natural cruzada. Estos huecos se protegen con porticotes de madera interiores para evitar pérdidas térmicas. Éstas se perforan mediante el patio, las terrazas y los lucernarios para permitir el acceso solar a los diferentes puntos del interior de la vivienda en invierno. En estos puntos los elementos masivos de tierra acumulan el calor durante el día para cederlo a lo largo de la noche.

Para el verano, se han dispuesto estratégicamente elementos de protección como aleros y persianas enrollables de madera (tradición local), con el fin de evitar el acceso del sol al interior de la vivienda. Mediante esta estrategia (sencilla aunque precisa) se potencia el comportamiento térmico dinámico del la vivienda basado en el retardo que aporta la inercia de los elementos.

La estrategia consiste en captar de forma pasiva energía del clima (que llega de forma estacional y cíclica) y acumularla en el propio edificio para, de forma retardada, cubrir las necesidades de confort interior de la vivienda (también estacionales y cíclicas).

La estructura se resuelve mediante una planta semienterrada construida en  hormigón en masa (100% reciclable y de árido local) en la que se alberga el garaje y el cuarto de calderas (con necesidades de protección frente al fuego).

 

Sobre un forjado de viguetas pretensazas de de hormigón armado y vuelta cerámica, arranca el muro perimetral de carga de 45 cm de espesor construido en tapia calicostrada, muro monolítico de cuerpo de una mezcla de tierra y paja con sendas costras de mortero de cal hidráulica construidos de forma simultánea al levante de la tapia.

 

Los acabados interiores se resuelven mediante revocos de arcilla local y pavimentos de madera de pino. En la carpintería y las protecciones solares también se utiliza de madera de pino.

 

Estos materiales podrán reintroducirse directamente en la naturaleza al finalizar la vida útil del edificio siendo nuevamente materias primas.